El hombre que cobró 10.000 dólares a Henry Ford ¡por una marca en cruz!

5 de Marzo de 2018

La historia del automóvil está repleta de historias increíbles. Uno de los ingenieros de más nivel de la primera mitad del siglo pasado fue Karl August Rudolf Steinmetz. Físicamente, era un hombre bajito, corcovado y que contaba con deformidades en sus caderas. A pesar de estas claras limitaciones, consiguió grandes éxitos, y uno de ellos tuvo como protagonista al gran Henry Ford, que pagó 10.000 dólares por una marca en cruz. ¿Cómo tuvo lugar tal fenómeno? Vamos a conocerlo.

Nacido en el seno de una familia humilde alemana, Steinmetz estudió matemáticas y física en la universidad. Destacó como activo militante socialista, y muchas veces tuvo que ocultarlo. En esos círculos tenía como sobrenombre “Proteus”, mote que usaba para que no le detuviesen las fuerzas del orden. Harto de la situación, partió a Estados Unidos.

Llegada a Estados Unidos

Cuando llega al país norteamericano, descubrió que tanto Edison como Tesla, dos de las mentes más capaces de la época, tenían debates sobre los beneficios de la corriente continua y la alterna.

Steinmetz optó por la corriente alterna, campo donde no tardó demasiado en encontrar trabajo en una pequeña empresa eléctrica del estado de Nueva York.

Poco a poco se hizo un nombre, y hasta la todopoderosa General Electric le ofreció un puesto de ingeniero. Steinmetz declinó la oferta, ya que se debía al dueño de la empresa que confió en él cuando marchó de Europa. La reacción de General Electric fue comprarla para contratarle.

Una famosa factura

Algunos años después, la planta de Ford contaba con una serie de problemas técnicos debidos a un nuevo generador de enorme tamaño. Los ingenieros de la fábrica no daban con la solución y pidieron ayuda a Steinmetz. El ingeniero les pidió una libreta, lápiz, mesa y una cama.

Estuvo durante dos días encerrado junto al generador haciendo múltiples cálculos. Al final de estos, pidió una escalera, tiza y cinta métrica. Sus problemas físicos hicieron que debiera subirse a la escalera, midiendo con gran cuidado y escribiendo con la tiza una “X”.

Una vez hecho esto, dijo a los técnicos que tenían que desmantelar una placa que había en el lateral del generador y eliminar 16 vueltas de bobina justo a partir del punto que estaba marcado con la propia tiza.

Los operarios hicieron caso a sus instrucciones, no sin grandes recelos, y el generador volvió a funcionar perfectamente. Unos días después, Henry Ford recibió una factura de 10.000 dólares. El famoso empresario pensó que podía haber sido un error, por lo que devolvió la factura y pidió un desglose de ésta.

En la nueva factura que le mandó Steinmetz le señaló lo siguiente:

  • Marca de la tiza en el generador: 1 dólar.
  • Saber dónde hacer la marca: 9.999 dólares.
  • Total a pagar: 10.000 dólares.

Una vez la desglosó de esta original manera, la factura se le abonó. Ya es historia el preguntarse si Steinmetz lo que hizo fue subir en demasía sus honorarios o si estaban acordes con el trabajo que realizó.

Lo cierto es que más allá de la historia, muchas veces en nuestras sociedades deberíamos pensar más que en el tiempo que se tarda para realizar una labor, el valor que realmente tiene por el conocimiento, el talento y la experiencia de quien la desarrolla.

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